La importancia de educar en las emociones

La importancia de educar en 

las emociones


Es fundamental enseñar a nuestros hijos a verbalizar sus estados de ánimo

 

 


 Los adultos no sabemos muchas veces manejar nuestras emociones lo que hace que, difícilmente sepamos manejar las de nuestros hijos.  No es una tarea sencilla pero tampoco es imposible.  A veces lo único que necesitamos es tener personas que nos orienten y expliquen.   Para este artículo los niños son los auténticos protagonistas.  Es por eso que hemos querido centrarnos en el trabajo con ellos ya que representan el punto de partida de las distintas etapas de desarrollo de una persona a lo largo de toda su vida. Si desde pequeños toman contacto con sus emociones, como adultos tendrán más herramientas para gestionarlas en su día a día.

Mejor prevenir que tratar

Parece claro que si en cuestiones físicas es sumamente importante prevenir, lo mismo parece suceder con los procesos cognitivos por lo que es mejor prevenir que hacer una terapia. Para llevar a cabo el proceso de prevención, en los Talleres Psicológicos Rayuela  hemos creado un área dedicada a este aspecto donde incluimos actividades y talleres en los que niños y padres pueden participar sin tener una dificultad o problema específico, para afianzar el vínculo madre/padre-hijo,  para expresar emociones a través del movimiento, la pintura, la cocina, etc.  Obviamente también se trabaja la terapia para cuando hay una dificultad específica en la que se necesita una guía y trabajo individual.

Gestionar las emociones, fundamental

Las emociones nos acompañan en cada paso que damos, las llevamos tan interiorizadas que en ocasiones resulta complicado darse cuenta de ellas. Si nos fijamos, ante la pregunta ¿cómo te sientes? Tendemos siempre a contestar, ¡bien! ¡Muy bien! Pero.. ¿Realmente es así? Tenemos un vocabulario muy rico en emociones y en general se tiende a dar una respuesta vaga y positiva.  «No queremos dar explicaciones, está socialmente mal visto, no sabemos realmente en ese instante cómo nos sentimos.  Siempre le decimos a los pacientes: ¿cómo sabes lo que estás sintiendo? ¡hay que darse un tiempo, un instante y piensen cómo se sienten!».
Este es el primer paso cuando se habla de regulación emocional. Identificar cómo nos sentimos hará que nos conozcamos mejor, de esta forma nuestro modo de actuar tendrá un sentido y podremos modular mejor nuestras expresiones de la emoción.  Por ejemplo: si cuando alguien me pisa le pego un grito, mi reacción obedece a un estado de ánimo (enfado) provocado por la acción del otro. Si yo me doy cuenta de esto y quiero cambiar lo que no me ha gustado (que me pisen), puedo actuar de una forma más eficaz diciéndole «perdona ten más cuidado que me has pisado». «Con el cambio de conducta genero cambios en la otra persona, en este caso en vez de mirarme con cara de asombro o enfado, lo más probable es que se disculpe». «Este paso, es importantísimo aplicarlo con los niños porque les dará herramientas para desenvolverse de manera más adaptativa en su entorno».

Negar las emociones

Una de los grandes problemas con los adultos que convivimos es negar las emociones, que nos incomodan y que son fundamentales en nuestra vida. Por ejemplo, «El enfado es útil y necesario, en su justa medida. Nos ayuda a poner límites a las situaciones injustas, a mostrar lo que nos desagrada, nos hiere o nos agrede. Lo complicado del enfado es encontrar el modo de expresarlo de forma adecuada sin caer en la exageración o la agresión al otro. El miedo nos hace prudentes pero de igual modo si éste excede el nivel adecuado puede llegar a bloquearnos». Trabajarlo resulta de lo más útil para manejar nuestro día a día.

A los niños también se les educa

El concepto de “educación” ha ido evolucionando a lo largo de los años. Las emociones han ido ganando relevancia gracias a la aparición de diversos estudios científicos que hablan de cómo el éxito de las personas no depende tanto de la capacidad intelectual (tal y como la hemos entendido siempre, referente a lo académico), sino que la inteligencia emocional y social juega también un papel fundamental, incluso a veces más relevante que la primera.  Poco a poco se van introduciendo también las emociones en el sistema educativo y se está comprobando que en los centros que apuestan por la educación emocional de los alumnos, éstos mejoran tanto sus resultados académicos como otros factores relacionados con el desarrollo escolar; motivación, reducción de los conflictos, mejorar el trabajo del profesor, etc.

También las familias están tomando un papel relevante en este ámbito. Los padres y madres acuden a escuelas de padres para aprender a hablar a sus hijos escuchando sus emociones y un cambio fundamental es que cada vez más la parte afectiva ya no queda relegada a la madre solamente, sino que ambos padres participen en el proceso.

Emociones según las edades

Las emociones están presentes en el ser humano desde que nace y todas ellas son necesarias y adaptativas. Hay emociones que aparecen con más fuerza a unas edades que en otras. Así por ejemplo el miedo a los desconocidos aparece entre los nueve meses y los dos años, la frustración entre los dos y tres años (por el hecho de no ver satisfechos todos mis deseos, porque quieren hacer todo solos y no les sale…) el miedo a la oscuridad en torno a los cinco, el orgullo en la etapa preescolar por el logro de hacer las cosas por sí mismo, la envidia hacia los siete años cuando comienzan a compararse con sus compañeros o la culpa también en esta etapa de primaria, la vergüenza es más evidente en la preadolescencia y el sentimiento de soledad en la adolescencia.
Si bien todos los padres del mundo desean que sus hijos no sufran, no podemos dejar de pensar que estas emociones son “normales” y es adecuado que el niño aprenda a lidiar con ellas. Si intentamos evitar este sufrimiento por todos los medios no haremos más que disminuir su capacidad a la hora de enfrentarse a estas emociones en un futuro. Ej: Si está triste porque su amigo se ha enfadado con él o ella, deja que se sienta así, solo desde su tristeza podrá pensar en cómo hacer para solucionar sus conflictos con él. Sin embargo, si me acerco a mis emociones desde pequeño adquiriré unas estrategias que me permitirá desenvolverme con más seguridad y firmeza en mi entorno.

Los padres también deben aprender

La familia es el lugar donde se establecen los primeros vínculos, relaciones y emociones.  Los padres son para los niños sus modelos y guías, por ello es fundamental que cuando hablamos de educar en emociones los padres sean los primeros en saber identificar las suyas propias, las expresen y aprendan a regularlas. De nada sirve enseñar a mi hijo a no expresar el enfado gritando si en realidad yo siempre actúo de esa manera. La coherencia es imprescindible , si no, solo le generaré confusió.  Además de preguntar a tu hijo por el cole, los amigos o los deberes, una manera de educar en emociones es crear en casa la rutina de preguntarnos ¿cómo te sientes? escuchando realmente la respuesta. Si dice que está cansado, le puedes proponer que se dé una ducha o se tire un rato en el sofá antes de hacer la tarea o estudiar, intentando no caer en «cómo vas a estar cansado si hoy no has hecho nada…». Facilitar a los hijos el camino para expresar cómo se sienten les enseña estrategias de comunicación que contribuirán a que sean honestos con ellos mismos y los demás. Serán personas más empáticas, capaces de ponerse en el lugar de los demás porque ese habrá sido su modelo.



 

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